Lo que debes saber antes de diseñar 3

Una imagen que no atrapa a todo el mundo

Esto me lleva a enlazar con un aspecto fundamental: vas a enfocar la imagen de tu negocio a un determinado tipo de cliente.
Piensa: ¿qué tipo de cliente quieres que te compre? (ojo, no estoy preguntando “qué cliente te compra” sino “qué cliente querrías que te comprara”).
Te imaginas vendiendo tus guías de la ciudad a un grupo de chicas que viajan solas, que suelen leer X blogs, les interesan X temas, compran su ropa en X sitios. Ese tipo de chica y no una familia con niños, no un grupo de jubilados. No nos sirve pensar que cuantos más tipos de gente descarguen tus guías, mejor. Eso no te permite desarrollar una personalidad enfocada.

Define previamente, como si de un retrato robot se tratase, el tipo de persona que se va a enamorar de tu producto. Piensa en ella con todo tipo de detalle: edad, sexo, cómo es, qué le gusta, qué no le gusta. Escríbelo, ponle nombre, ponle cara. Y recuerda: ésta es la persona en la que vas a pensar cuando estés diseñando, escribiendo posts, creando una promoción. Hazte preguntas: ¿le gustará a María? ¿es el tipo de promoción en la que María querría participar?

Cuando definamos la gráfica que le gusta a María daremos en el clavo con la gráfica que le fascina a todo un grupo de Marías, a todo un grupo de personas que estarán encantadas con tu personalidad y tu producto.

Sigamos pensando por qué nos fascinan ciertas imágenes personales.

Sientes que esta marca está muy bien montada: ¿gracias a qué elementos te has dado cuenta?

  • Vas de la web al blog, a su Facebook… y todo cuadra; la estética es coherente y se mantiene el estilo gráfico. Esa unidad en el estilo transmite una sensación de calidad. No hay cambios de colores caprichosos ni estilos al tún tún.
  • Si ya conoces la marca, ves que a lo largo del tiempo ha mantenido una línea gráfica constante y reconocible. Sí, hay variaciones en los catálogos, en los elementos de promoción; pero el fondo es reconocible siempre.

 

Bueno, ¿qué te parece? ¿A que no podías imaginar que el subconsciente recibe y procesa tanta información? Estamos percibiendo todo el tiempo.

Con este ejercicio podemos poner encima de la mesa una lista de características que vas a poder aplicar a tu propia marca. De verdad. Esto es real. Si por ejemplo una de tus marcas admiradas y analizadas en este ejercicio fuera Apple, dirás: “no sé cómo puedo tener en mi marca esas características”. Yo te digo que sí puedes.

Voy a hacer una lista de lo que ya llevamos analizado y que podemos aplicar a nuestra futura imagen:

– He de ofrecer un producto de calidad.

– Mi fotografía, la que me retrata ante mis clientes, la hará un fotógrafo experto.

– En mi blog escribiré sobre lo que conozco bien y así podré lucirme.

– En mi blog enfocaré los contenidos de forma creativa, no hablaré por hablar.

– Tengo que pensar en cómo voy a enfocar los temas de los que hablo en mi blog: mi punto de vista propio va a ser mi guía de ahora en adelante.

– Tendré que relacionarme con otros bloggers para conseguir entrevistas e intervenciones, o participar en iniciativas que hagan que mi nombre se vaya viendo.

– Tengo que recoger testimonios de las personas que conocen lo que enseño/lo que vendo. Al principio no hace falta que sean clientes; puede hablar de ti cualquiera que aprecie lo bien que trabajas o tus productos.

-Tengo que conseguir una comunidad de personas interesadas en mis cosas, en los que cuento, en lo que hablo. Voy a ofrecerles mucho valor en el blog, valor que vale dinero, que venderías como prueba de tu compromiso.

– Mis fotos (en el blog, en mis productos) han de ser muy buenas. Tengo que contratar un fotógrafo o apuntarme a cursos de fotografia para bloggers. Hay opciones online fantásticas.

– He de hacer mi selección de productos con cabeza para crear un conjunto suficiente y atractivo.

– Voy a poner mi tienda en una plataforma de la que tenga buenas referencias y que ya esté perfectamente organizada (no voy a intentar diseñármela yo).

– Voy a diseñar mi imagen teniendo en cuenta los gustos estéticos del tipo de persona que quiero que me compre.

– Voy a diseñar sin copietear lo que hace el vecino solo porque es lo que todos hacen.

– Crearé un universo particular que se adaptará a todos mis elementos de comunicación.

– Mantendré mi imagen de base en el tiempo aunque haré variaciones de look según promociones y fechas especiales.

El precio

Ah, el precio, qué gran cuestión. Qué peliaguda es y qué escurridiza parece. Sin embargo puede ser hasta fácil de tratar.

Todo el lío con el precio viene de la díficil relación que tenemos con el dinero. Todos hemos tenido momentazos con el dinero que de solo recordarlos ya nos duele la barriga. Para colmo, desear dinero parece que esté en contra con la mentalidad no conservadora: ¡como si se pudiera uno permitir no necesitarlo! Todos tenemos que vivir en torno al dinero y ojalá tuviéramos una relación más natural, pero no es así.
¡Qué gran dilema a la hora de ponerles precio a tus artículos! Todos hemos ido alguna vez, lógicamente, a ver qué cobra la competencia, o al menos el que trabaja vendiendo cosas similares. Pero esto es un gran error a mi juicio (aunque yo también lo he hecho, of course!). Si me baso en los precios que ha puesto fulanito, me baso en precios puestos en sus propios bloqueos de dinero: que no quiero que piensen que soy una ambiciosa y una creída, o que piensen “ésta, que se habrá creido que vende, cómo se pasa” o que “los tiempos son muy duros y qué se cree”. Al adaptar los precios de otras personas nos traemos sus bloqueos a nuestro negocio.

Entonces, ¿cuál es el verdadero precio justo, el correcto? La respuesta es muy fácil y muy compleja a la vez: el que tú creas que vale tu producto… sin tener en cuenta en absoluto el que está poniendo tu competencia.

Si, por ejemplo, vendes ilustraciones digitales en kits a 8€ porque así lo hacen las blogueras americanas, harás mal. Ellas puede que pongan esos precios porque les dé miedo poner otros o por otra razón totalmente ajena a ti, como que venden en cantidades enormes y por tanto $8 es súper rentable para ellas. No para ti, desde luego: ¡te ibas a morir del asco con ese precio! ¿Cuál va a ser, por tanto, tu tarifa? ¿Qué beneficios piensas obtener? Si tú, en conciencia, crees que se debería pagar 20€ por ese kit, ¡pon 20€!

Y claro, esto es lo que puede pasar: que quienes compran a 8 no te compren. Y que quien adore tu producto, te lo compre. No tendrá el mismo perfil el público que deja de comprarte que el que te compra, y aquí te has dado cuenta de ello definitivamente. Pero si tú has decidido en primer lugar que al perfil de tu clienta no le importa pagar 20€ por un diseño realmente bonito que va a realzar sus scrapbookings y que le encanta, no tendrás problemas con el precio. Cuando hayas definido a tu clienta ideal habrás anotado: “es una persona que adora las creaciones gráficas especiales y de autor y no tiene problema en gastar de X a X € en mis productos”.

Si dejas de querer gustar a todo el mundo, serás capaz de atraer a tu verdadero público, el que te seguirá si tú eres fiel a ti misma. Y no van a caer por casualidad en tu tienda o tu blog: tú vas a escribir para ellos y vas a estar emitiendo en su misma frecuencia, para entendernos.

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