Lo que debes saber antes de diseñar 4

El precio también es una cuestión de imagen.

A no ser que el motivo principal de tu negocio sea precisamente dar un precio económico, no te recomendaría que jugases a bajarlo y bajarlo para competir en tu negocio. Piensa que el público que va buscando de web en web algo más barato no se va a quedar contigo, precisamente por esa naturaleza poco comprometida.
Otra razón es que esto, a la corta o a la larga, se va a dar de tortas con tu definición de base: si tu público no es “personas que quieran lo más barato”, no deberías atraerlas.

La tercera razón es que tus precios influyen en tu imagen más de lo que te imaginas ahora. A nadie se le escapa que barato es sinónimo de cutre, malo, sin nivel. Si encima estamos hablando de productos manufacturados o creados por nosotras mismas, no podemos hacernos ese mal favor. No creo que nadie quiera tener una imagen devaluada.
Así que ajusta tus precios considerando qué precios te hacen sentir bien; sincérate y nombra una cifra que no te haga quedarte con la sensación de estar desperdiciando tu talento y malvendiéndote. Ése es el precio justo. Diferente para cada uno de nosotros.

Precios al estilo tradicional o basados en el valor

Hay una forma de poner precio que puede interesarte, el llamado precio basado en el valor (value-based prices). No siempre estamos en condiciones de aplicarlo pero es importante saber que esta opción existe.

Se trata de poner precio a un servicio basándose en el rendimiento que puede obtener el cliente a través de él. Aquí no cuenta el número de horas trabajadas ni estamos calculando en base a un hipotético sueldo mensual.
Pongamos un ejemplo. Yo, como diseñadora, podría aceptar un encargo de imagen corporativa (marca personal para una empresa) y marketing a una wedding planner. Podría fijar un precio X por el diseño y marketing o razonar que ese trabajo de diseño combinado con marketing podría hacerles obtener con solo tres bodas el dinero que se van a gastar en mí. ¿Estoy convencida de que mi trabajo puede hacerles conseguir tres clientes en un tiempo determinado? ¡Por supuesto! Es más: creo que van a conseguir seis. Ok, mi precio les habrá merecido la pena y olvidarán lo que les costó pagarlo, a pesar de que inicialmente podía resultarles algo caro.

Con experiencia y tino tú también puedes aplicar este tipo de estrategia, cuando ya tienes confianza en lo que eres capaz de hacer por tus clientes. Sus principales ventajas: no has de ir recalculando precios por cada añadido que se haga al proyecto ya empezado; la colaboración es más estrecha y la relación con el cliente es mucho más cercana. El cliente ve la elección que ha hecho contigo como una inversión, no como un gasto. Es como si hubiera incorporado en su plantilla un experto en diseño y marketing: hay que pagarle, pero es una inversión que dará un rendimiento.

Más sobre la competencia

Antes empecé a hablarte de la competencia. Te decía que en realidad no necesitamos tantísimos clientes y que había para todos. Que la forma de enfocarlo es tener confianza en el valor especial que ofreces, en tu forma personal de enfocar tu negocio. Y que los compradores irían colocándose cada uno donde encajasen mejor.

¿Qué pasa si después de hacer estas reflexiones te das cuenta de que tus precios van a ser, pongamos, el doble que la media del sector? Pues que puedes estar tranquila porque la competencia en este sentido no te afecta en absoluto. Porque hacer crecer tu negocio no tiene nada que ver con quitarle a los demás los clientes. Obviamente no le vas a quitar los clientes a otro wedding planner más económico; pero él tampoco te los va a quitar a ti. Si tú has articulado tu imagen en torno a un estilo de servicio en un segmento más caro, tus elementos de comunicación – tus posts, tu estética – van a atraer el tipo de cliente al que te diriges. Unos buscarán el sector más económico, otros algo más caro; pero no habrá nadie robando compradores a otro.

No bajes los precios

En muchos de nuestros pequeños negocios se da una circunstancia que no podemos perder de vista: no son negocios de primera necesidad (hablo en general). La gente puede vivir sin wedding planner, sin diseño de web de diseñador, sin jabones artesanales, sin fotógrafo familiar. Entonces, ¿qué sentido tiene que alguien venga a decirte que bajes tu precio? ÉSE es tú precio: si a alguien le parece caro, puede buscar otra cosa que le cuadre mejor. O renunciar a los servicios de un wedding planner. No es ninguna tragedia para el cliente y no debemos hacer rebajas por no perder un encargo. Que esa presión no nos haga bajarnos el sueldo. Imagina lo cómico que sería entrar en una tienda y decir: “Oye, tus precios son caros; aquí al lado están más baratos”. ¡Nadie conseguiría una rebaja con tales argumentos!

Voy a diseñar mi imagen teniendo en cuenta los gustos estéticos del tipo de persona que quiero que me compre.

He vuelto atrás en la lista de acciones que están a nuestro alcance y he copiado este título. Éste es el punto de partida para diseñar nuestra marca personal.

Implica que ya sabemos cómo es nuestra María y que ya hemos reflexionado sobre la estética que le va a hacer entrar en nuestro mundo.

Partamos de un hecho real: éste es un curso de diseño básico y es mucho más realista y potente no crear infinitas posibilidades de diseño. Un diseñador con experiencia puede dominar un montón de estilos gráficos que ya existen, experimentar con ellos y hacer sus propias combinaciones. Creo que ahora lo más prudente es llegar a conocer bien un lenguaje gráfico de base para luego ir progresando conforme tus intereses.

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