Como buena emprendedora, necesitas una meta.

Relación de la marca con el perfil de la emprendedora. Una marca, un destino.

Como emprendedora y creadora de tu propio proyecto, te abres camino empresarial unificando en mayor o menor medida tu parte personal con tu parte profesional. Desde que has dado forma a tu idea de negocio, tu trabajo ha invadido poco, mucho o toda tu vida personal y viceversa. Es completamente inevitable y en lo que a marca personal se refiere es una gran ventaja, siempre que haya un equilibrio con el que tú estés contenta y te sientas cómoda.

Para que tu proyecto pueda evolucionar contigo y tú con él sin que ninguno de los dos muera en el intento, es importante que te plantees exactamente dónde quieres llegar y cuáles son tus prioridades tanto para ti como para tu trabajo. Pero una vez que tengas eso claro, dejar que tu vida personal interfiera en la profesional es positivo porque deja salir lo mejor de ti y así lo reflejará tu propia marca haciéndola especial. Un perfecto punto de partida.

Así que como emprendedora y como persona, una vez que ya tienes claro quién y cómo eres, según hemos visto en un capítulo anterior, puedes empezar a pensar quién quieres ser y dónde te gustaría llegar, teniendo siempre presente esta maravillosa combinación entre persona y profesional.

Si en tu propio análisis de personalidad te has identificado como una persona caótica y bohemia, amante de los viajes y sin grandes ataduras familiares, puede que te visualices viviendo en una dimensión 2.0 que te permita recorrer el mundo mientras atiendes tu empresa desde cualquier rincón del planeta. Es posible que sea esa tu mayor aspiración y es ahora cuando puedes plantearte si quieres fijarte esa meta.

Es posible que tengas muy claro dónde te gustaría estar en unos años pero si nunca te has parado a pensarlo ha llegado el momento de que te lo preguntes. Para poder cumplir un sueño, antes hay que saber cuál es.

Visualizar un sueño que quieres convertir en realidad pasa por tener en cuenta dos momentos en tu vida: tu pasado y tu futuro.

Pasado

Tus deseos y anhelos serán consecuencia de lo que hayas vivido ya. De tu historia, tus vivencias y tus experiencias. Así que no está de más que analices la historia de tu vida profesional y qué papel ha jugado en ese tiempo tu parte más personal para entender qué te gustó en el pasado, qué te ha servido para aprender y qué no repetirías jamás.

Trazar tu propia profesión, ya que tienes la suerte de crearla tu misma, pasa por evitar al máximo todo aquello de lo que huyes porque no te hace feliz y reforzar lo que te agrada, te alegra y te permite desarrollarte como persona y profesional si eso es lo que buscas.

Si has trabajado siempre bajo el mando de un jefe que te hacía la vida imposible, quizás no te plantees tener una persona a tu cargo, si has sido feliz compartiendo proyectos con otros compañeros puede que busques una fórmula de colaboración para sacar tu trabajo adelante, si nunca tuviste hueco para exponer tus propias ideas quizás ahora te plantees diseñar por tu cuenta y sacar tus colecciones más personales, …

Futuro

Una vez analizada esta parte de tu pasado, teniendo bien claro lo que te ha aportado y te gustaría proyectar en tu futuro, puedes imaginar con más claridad cuál es la meta de tu vida emprendedora. Ahora tienes todas las herramientas para perfilar tu profesión y el lugar que ocupas en ella.

Si te visualizas como experta en nutrición deportiva, por ejemplo, termina de idear tu negocio detallando si vas a centrarte en consultoría trabajando desde casa, abriendo un blog que te permita crear valor para tus clientes o si vas a atender consultas estableciendo acuerdos de colaboración con gimnasios de tu la ciudad donde vives, …. Describir tu meta va a dotar de realidad lo que ahora esperas que ocurra y va a motivarte para seguir adelante en tu camino emprendedor.

Teniendo muy claro el lugar al que quieres llegar profesionalmente, sin dejar de lado tu vida personal, trazas el modelo de vida que se adapte a tus prioridades y que te dé la oportunidad de cumplir tus expectativas. Visualizando ese horizonte es más fácil planificar los pequeños objetivos que te vayan acercando a él al ritmo que te propongas.

Digamos que tus aspiraciones profesionales y personales son el impulso que necesitas para convencerte de que tu proyecto tiene un camino que seguir y un lugar al que llegar. Son lo que da sentido a tu idea de negocio y si están alineados con tus valores, los que hemos comentado ya, encontrarás el equilibrio que allana tu andadura.

Sería una incongruencia que pretendas ser wedding planner si no crees en el amor ni en el matrimonio o no tendría sentido que quisieras ser guía turístico internacional si te dan miedo los aviones o estar lejos de tu familia te provoca ansiedad.

Toda esta visualización te ayuda a dar forma a la marca personal que lleva implícita esa gran meta. Sin embargo, tu marca no tiene por qué comunicar de forma explícita ese paraíso profesional al que aspiras llegar. Eso es algo que puedes guardar para ti. Tus clientes son los catalizadores que necesitas para que te catapulten hasta ese lugar, ahora imaginario, pero algún día verdadero. Sin embargo, no tienes ninguna necesidad de contárselo ni de hacerles partícipes. Es más, eso a ellos no les va a interesar, se preocupan por sí mismos pero no por ti. Estarán encantados de que les hables de quién eres siempre que proyectes en ti lo que refleja sus problemas o circunstancias pero no el punto al que quieres llegar, tu meta o tu sueño. Ellos miran por el suyo.

Así que tú ten muy presente y visible el final de tu sueño, el ideal que imaginas y que marca tus pasos. Guárdalo para ti. Puedes crearte un gráfico representativo para colgarlo en tu moodboard de manera que te motive cuando lo necesites, pero a tus clientes no le hables tan directamente del final de tu camino, sólo inspírales con tu marca personal para que te acompañen.

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