De la Incertidumbre al Orgullo

el viaje digital de Clara.

Clara estaba emocionada pero nerviosa. Después de años de posponerlo, finalmente decidió que era hora de llevar su negocio de repostería al mundo digital.

Había escuchado historias; algunas inspiradoras y otras realmente preocupantes sobre lo complicado que era diseñar una web. “Hay bastantes posibilidades de que se convierta en un drama”, pensaba, recordando a su amiga Ana, quien pasó meses peleando contra su propia web.

“¿Y si termino necesitando llamar al informático para cambiar una simple foto?”, se preguntaba, recordando a Laura, que había pasado por algo parecido solo para actualizar el menú de su restaurante online. Y lo que veía cada día en Instagram la iba convenciendo de que si no gastaba antes en un branding completo, su tienda de repostería online estaba destinada al fracaso.

Con todas estas historias zumbando en su cabeza, Clara casi se rinde antes de empezar. “Puede que sea demasiado tradicional para estas cosas modernas”, se lamentaba.

Pero entonces encontró algo diferente. Una diseñadora que prometía un viaje distinto, uno donde los mitos del diseño web se disipaban como el azúcar en su té.

Le hablaba de un proceso claro, sin dramas ni misterios, donde Clara no solo tendría una web bonita sino que también entendería cada paso del camino. “No hace falta que se te dé bien la tecnología ni tener un branding espectacular desde el principio”, le dijo. “Lo importante es empezar, y yo estoy aquí para hacerlo sencillo y accesible”.

En un momento tranquilo, mientras disfrutaba de una taza de té en su cocina, Clara reflexionó sobre el gran paso que estaba a punto de dar.

Era imposible ignorar el hecho de que no tener una web era como tener su repostería en una calle oscura y sin salida, invisible para el mundo.

“Estar sin una sede online hoy en día”, pensó, “es como tener mi negocio en el limbo. Y además es que lo necesito para mostrar quién soy, lo que hago y lo que represento”.

La idea de no tener un espacio donde sus creaciones pudieran exhibirse de manera ordenada y atractiva le pesaba. “Una web es más que una dirección en internet”, reflexionaba, “es el escaparate de mi pasión, de mi arte. Es donde mi negocio puede brillar y donde mis clientes pueden sentirse seguros y conectados con mi trabajo”.

Clara tenía otra preocupación: sabía que su repostería tenía una personalidad única, una mezcla de tradición y creatividad, pero ¿de qué servía si nadie podía verla, sentir esa calidez y autenticidad que ponía en cada pastel? ¿Sería alguien capaz de captar esa personalidad y reflejarla en su web?

Clara entendía que la imagen lo es todo. “Sin un lugar que dé imagen, que hable por mi negocio antes de que yo diga una palabra, estoy perdiendo la oportunidad de conectar, de atraer a todos los que valorarían mi trabajo tanto como yo”.

En ese momento de reflexión recordó lo que le dijo la diseñadora: “Es normal sentirse abrumado ante lo que es desconocido. Pero no estás sola en esto. Lo que sientes, lo han sentido prácticamente todo el mundo antes de ti, y no lo puedes evitar si quieres ir hacia el crecimiento y la visibilidad en este mundo digital. Vamos juntas y pronto esta sensación quedará atrás”.

Era el momento de tener una web.
Inspirada, Clara dio el paso. Y descubrió que las historias de terror que había escuchado eran solo eso, historias. No solo terminó con una web que reflejaba la calidez y el encanto de su repostería, sino que también se sintió empoderada, capaz de manejar su espacio digital con confianza.

“Es como hornear”, pensó Clara, “con la receta correcta y la guía adecuada, el proceso es más sencillo de lo que parece”.

Todos hemos sido Clara alguna vez.
Déjate ayudar y acompañar por su diseñadora 😉

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Era natural y divertido: siempre se me ha dado bien seleccionar o “curar” contenido, como ahora se dice.

Recordando aquella experiencia, he pensado en una newsletter diferente para Meisi.

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